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Los Andes – Entrevista a Attilio Pagli

11 de Julio del 2011

El consultor internacional hace un interesante balance vitivinícola de Argentina. Asegura que para el país, llegó la hora de hablar de terruño para poder diferenciarse en el mundo.
sábado, 23 de julio de 2011

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Attilio Pagli: “Argentina es un milagro productivo”

"Es hora de hablar de terroir, de hablar de Agrelo, de Altamira, de regiones que son realmente distintas". (Gentileza / Grupo Matura)
Por Gabriela Malizia - gmalizia@areadelvino.com

Attilio Pagli asesora más de 60 bodegas en Italia. En el Hemisferio Sur comparte el proyecto Altos Las Hormigas con Alberto Antonini y Antonio Morescalchi. También es asesor enológico de Bodega Vistaflores y está trabajando para La Estampa en Chile.

En 1998, Pagli abandonó los asesoramientos internacionales a gran escala y le dejó ese puesto enteramente a su amigo y socio Alberto Antonini. “Nació mi hija y quería estar más en casa, por eso preferí dejar aquella forma de vida”, comenta este hombre afable, de rostro bondadoso, que al hablar vierte conceptos claros y cuidados en torno a cada tema.

-¿Qué puede aportar un asesor externo que no puedan aportar los expertos locales que llevan años haciendo vino?

Pienso que lo que se puede aportar es la experiencia de haber trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. Esto nos permite interpretar la uva. En 1993 llegué a Argentina contratado por Nicolás Catena; al principio fue por un proyecto de Sangiovese que no funcionó.

Me pidieron que buscara una uva que me gustara y encontré un Malbec de Lunlunta, cuyas cualidades ahora son muy conocidas pero en ese tiempo, poco lo eran. La verdad es que en esa época, el Malbec no le gustaba a nadie; lo cortaban o hacían blanco con él. A mí me gustó mucho por su fruta, el aroma y color, por sus taninos interesantes.

En ese momento, el mundo buscaba ese tipo de vino, redondo, siempre fácil de beber. En 1998 dejé a Catena, pero reconozco que él es quien puso a Argentina en el mundo. Algo es seguro, fue el primero que hizo un gran trabajo para llegar al mercado interno con un nuevo gusto en vinos. Yo diría que fue el Valderrobles el que cambió rápidamente el gusto del consumidor argentino, que estaba muy acostumbrado a vinos súper oxidados y sin fruta. En 1995, en Argentina ya casi no se podían encontrar esos vinos.

-¿Es tiempo de que Argentina haga un nuevo cambio de rumbo? ¿Como el del 93?

Es hora de subir un escalón más creo yo. Es hora de hablar de terroir, de hablar ya no de Mendoza sino de Agrelo, de Altamira, de regiones que son realmente distintas y sería interesante en el interior de estas zonas hacer una división por tipo de suelo. Ahora es fundamental empezar a hablar de terroir porque hablar sólo de Malbec puede llegar a ser peligroso.

-¿Por qué? ¿Podría profundizar un poco más este concepto?

Porque en varios lugares del mundo se puede hacer un muy buen Malbec pero en ningún lugar del mundo se pueden repetir los terroir. Hay que investigarlos y conocerlos bien y para esto se necesita una colaboración entre los profesionales. Esto último lo vemos bastante hoy en Argentina y creo que es algo muy bueno.

-¿Sería aconsejable crear sistemas de Denominación de Origen, como en Europa?

Una reglamentación clara es buena y necesaria, pero no tengo claro cómo debería ser. A mí siempre me gustó mucho la de Francia pero ésta no se puede reproducir en ningún lugar del mundo. En Italia tenemos una reglamentación tremendamente codificada y esto hace fácil evadirla. Yo haría una clasificación simple de los distintos terruños, para lo cual primero habría que definir cuáles son los elementos diferenciadores. El primero es la variedad de uva que se puede cultivar y la obligación que esa uva que se declara en el vino sea realmente criada en ese terruño. Esto podría servir para ordenar el negocio y a llegar al mundo de una mejor manera.

-¿Qué están haciendo en este sentido otros países del Nuevo Mundo como Australia, Nueva Zelanda y el mismo Estados Unidos?

Estados Unidos está haciendo algunas reglamentaciones en diferenciación de zonas, especialmente en California (Sonoma, Santa Bárbara, etcétera) que son reconocidas ya internacionalmente. Chile está trabajando en lo mismo. Lo bueno es que el consumidor va conociendo sus diferencias. El riesgo de no hacerlo es quedar como Australia. Hoy, en Estados Unidos es casi mala palabra hablar de vino australiano porque se le dio demasiada importancia al volumen y a un solo varietal, el Syrah.

-Vamos a los aspectos positivos ¿Qué se ha logrado en estos años?

Muchísimo. Yo vengo hace 18 años a Argentina y en vitivinicultura este tiempo es nada.  Argentina es un milagro productivo donde se ha hecho muchísimo en tan pocos años. Esto no ha sucedido en ninguna parte del mundo.

-Por ahí, en la inseguridad de quien da los primeros pasos, la pregunta es ¿qué estilo de vinos debemos hacer? ¿Es hora de madurar y cambiar la pregunta a “qué estilo de vinos quiero hacer”?

El estilo de vino debe ser el estilo del productor, me gusta mucho encontrar esa diversidad. En 1990, Australia hizo una caracterización de cómo debía ser el vino de exportación. Eso es lo peor que se puede hacer. El vino es diversidad, es personalidad del productor que puede y necesita jugar con su estilo. Tengo la convicción de que el enólogo tiene que ayudar al productor a hacer su vino y no hacer el vino del enólogo.

-¿Ya probó los vinos 2011? ¿Cómo encontró la cosecha y cúal es su evaluación?

Los Malbec son fantásticos; la cosecha de este año es comparable con la de 2006. El Cabernet  Sauvignon ha sufrido un poco por las bajas temperaturas, le faltó maduración, pero en general encontré vinos muy buenos.