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Caminos del Vino – Entrevista a Alberto Antonini

11 de Marzo del 2011

Alberto Antonini: “Sueño con que se venda un Perdriel o un Agrelo”
09.MAR.11, 21:13 Alberto Antonini es el italiano más influyente en la enología mundial, y cuando visitó nuestro país por primera vez se enamoró de la Argentina, especialmente por los antiguos viñedos de malbec, ya que expresa lo mejor del varietal en el mundo. En la actualidad asesora a varias bodegas en la Argentina, en donde el varietal insignia del país aparece como la estrella principal.
Por Federico Lancia y Gustavo Flores Bazán.

Antonini es, junto a Michel Rolland y Paul Hobbes, uno de los fliyng winemakers que poseen proyectos propios y asesoran a otras bodegas en Mendoza . Llegó por primera vez a la provincia en el año 1995 y desde entonces visita la tierra del malbec todos los años. Es fundador de la consultora Matura en Italia en el año 2003, y Matura América Latina en Mendoza años mas tarde. En este momento asesora a más de 40 bodegas y está presente también en Chile, Brasil, Uruguay y Bolivia.

Uno de las razones esenciales por la que han aparecido estos asesores externos en la industria vitivinícola nacional ha sido la búsqueda de carácter al vino argentino para que encuentre diferenciaciones con la enorme competencia a nivel mundial.

Negocios y Economia se reunió con Alberto Antonini, en Bodegas Renacer, donde enumeró distintos aspectos de una empresa que está dando sus primeros pasos en materia de competencia internacional: lograr posicionar el vino nacional entre los mejores de todo el mundo.

¿Qué habria que hacer para darle una personalidad concreta al vino argentino?

La personalidad de un vino está dada por el terruño, por el lugar de donde el vino se produce, para que exprese las carácterísticas naturales que provienen de un suelo, de un microclima, de los viñedos enmarcado dentro de una enología con poco intervención humana para lograr un vino que sea sincero y auténtico de un origen, de una microregión.

El malbec se ha transformado en la bandera del vino nacional por medio de los diferentes terruños ¿Hay que lograr más diversidad en el vino argentino?

La diversidad no se logra introduciendo más variedades de uva, sino más bien valorizando los distintos origenes y diferentes regiones que hay en la Argentina. Un ejemplo de ello, es lo que sucede en el viejo mundo donde son pocas las variedades de los terruños y los vinos se venden como denominaciones. Entonces mi sueño, es que la Argentina en veinte años puede vender un Perdriel, un Agrelo, un Vista Flores en vez de solamente malbec. El malbec argentino es amigable con un tanino suave con buena estructura, pero también fresco, mineral y vibrante que llama mucho la atención al consumidor. Un aspecto diferenciador con los otros países del nuevo mundo que elaboran vinos un poco más chatos, entonces agotan. El vino argentino goza de una acidez natural, gracias a la amplitud térmica de sus terruños, que lo vuelve muy interesante para acompañar comidas.

¿Cuál sería entoces el camino a seguir en el desarrollo del Malbec?

El concepto varietal es muy peligroso, porque se transforma en un commodity y se planta en todo el mundo por el éxito de la Argentina. Deberiamos hacer un esfuerzo para no caer solo en la estructura del varietal mismo, ya que tarde o temprano se transforma en una mercancía a granel y se cae. Hay que empezar a hablar de regiones, de zonas, de denominaciones, para comenzar a vender la gran naturaleza que posee el país. La honestidad no se logra vendiendo una variedad, sino vendiendo un lugar que no tiene otro igual en el mundo. Es un proceso largo y dificil pero es el gran valor que posee Europa.

Nuevo Mundo vs Viejo Mundo

La tendencia por marcar diferencias en la elaboración y producción final del viejo mundo con el nuevo mundo enológico fue creciendo con el tiempo. Antonini es originario de Italia, que en la actualidad se ha transformado en el principal exportador de vinos a nivel mundial.

¿Cuál fue la clave para que Italia ocupe ese lugar en el mercado?

En la antigüedad Italia se llamaba Enotria (la tierra del vino) ya que es el único país del mundo donde se produce el vino en cualquier región, de este a oeste y de norte a sur. Por lo tanto, es el país que tiene más variedades plantadas en todo el mundo y permite producir vinos que sean muy distintos entre ellos, acompañado por una masa de pequeños productores, de menos de una hectárea, que como resultado ofrecen una gama de productos muy amplia.
Y los pequeños productores mendocinos se le parecen mucho a Europa: ya que son pequeñas familias que tiene dos o tres hectareas y la cuidan como si se trataran de hijos, cosa que en grandes densidades de viñedos resultan difíciles de manejar. Y sumado a la gran cantidad de viñedos de 80 y 100 años que hay plantado en este lugar del mundo, que pocos países tienen, es fantastico. Me quedé aca en Mendoza, porque me enamoré de los viñedos mendocinos, que son únicos.

¿Qué opinión tenés sobre lo que sucedió en Francia con respecto a nombrar Malbec a su cepa originaria cot, proveniente de la zona de Cahors?

Realmente me sorprendió porque los franceses siempre han defendido sus denominaciones y esta bien, ya que la variedad se transforma en un commodity, porque se puede cultivar en cualquier lugar del mundo. Y ver que nombran malbec es sorpresivo ya que tradicionalmente han estado en contra del concepto varietal. Lógicamente, la intención es aprovecharse del éxito del malbec argentino para darle un empuje a la cepa originaria (cot) que se produce en Cahors, al sur de Francia. Sobre todo, porque de ahí resultan vinos más rústicos, sin mucho cuerpo, producto del clima muy distinto a donde se cultiva el malbec por este lado del mundo. En realidad, significa que la Argentina ha trabajado muy bien.

En relación a las prácticas vitivinícolas que se aplican en las principales ciudades productoras de vinos ¿encontrás muchas diferencias?

En este sentido el mundo se achicó mucho. Antes había muchas más diferencias. Hace quince años la Argentina tenía una enología más tradicional, que hoy día se ha transformado. Pero esa incorporación de tecnología no te asegura calidad en los vinos, como sí elegir lugares potenciales para elaborar vinos con altos grados cualitativos. Y acá se reúnen todas las condiciones: climas, suelos, viñedos que realmente son muy especiales. No comparto aquellos técnicas enológicas de países que tienen como fin simplemente introducir el vino en los mercados. Al consumidor hay que educarlo para que aprenda las diferencias que hay en las distintas regiones enológicas del mundo, y no pensar las necesidades de éste para crear el vino. Comunicar las regiones, las personas, la cultura, la tradición que viene atrás de cada botella y empezar a formar consumidores preparados y calificados para enfrentarse a la producción vitivinícola.
Porque al final, el vino no es solamente el liquido que se toma; sino que es un medio que te permite conocer el mundo. Siempre y cuando ese vino represente distintos lugares del mundo, con identidad argentina, con personalidad francesa, con elegancia italiana y demás. De manera contraria, si se produce bajo la lógica industrial no enseña nada, se elabora como una bebida que responde estándares estrictos de mercados.


Prácticas con personalidad

En esta última visita a la Argentina, el asesor italiano volvió a remarcar que hay que tratar de volver a las bases de la producción de vinos. Sobre todo, resaltando las cualidades que tienen los vinos orgánicos, donde ha llegado a recomendar prácticas tan tradicionales como sorprendentes, tales como el uso de piletas sin epoxi, en contacto vivo con el cemento y en donde los caldos presentan numerosas particularidades.

Sos un fiel defensor de la producción orgánica de vinos, desde el uso de levaduras indígenas hasta las piletas de cemento…

Un consumo orgánico natural te da una calidad de uva mejor. Y eso es evidente, por ejemplo cuando cosechamos los productos cultivados en nuestra propia finca, el sabor es bien diferente que al comprarlo en el supermercado, ya que no posee agregado de ningún estabilizante o conservante. Con el vino pasa lo mismo. Se produce con la manera natural. Y potenciado además con el bien que se produce al medio ambiente.
Y con respecto a las prácticas enológicas, lo que te enseñan es como un chiste. Porque aprendes que la naturaleza está equivocada y te enseñan a arreglarla. Por el contrario, un cultivo orgánico empuja y acompaña todas las defensa naturales de la planta, utilizando menos productos químicos. Tengo levaduras ideales presentes en la uva (levaduras indígenas) y quiero que entren en la bodega para poder desarrollar un proceso microbiológico que le hace bien al vino. Por supuesto que hay elementos que acompañan ese proceso de manera eficiente: madera, cemento sin epoxi, y demás elementos que permitan tener una bodega con un nivel de "contaminación buena".
Los grandes vinos no se hacen en hospitales, y alli todo es estéril porque hay gente enferma. Una bodega no está pensada para algo enfermo, entonces tiene que haber presencia de vida. Si pones tu cabeza adentro de un taque de acero inoxidable no hay olor, no hay vida; de lo contrario si la pones dentro de una pileta de cemento sin epoxi bien cuidada hay olor a vida, a vino. Así se le mata la personalidad, la identidad y el carácter al vino.

¿Cómo el consumidor argentino tiene que encontrar nuevamente su pasión por el vino que tuvo durante años?

Es esencial que entienda lo que está atrás de una botella, de conocer el lugar donde se produce, la cultura de la gente que lo produce. Es la expresión de muchas cosas, que genera muchas más satisfacciones y te hace entender la gran diversidad que rodea al líquido. Hay que respetar los vinos. No se puede esperar que todos los vinos se hagan como le gustan a uno, porque es el resultado de distintas expresiones, como la música o como el mismo arte. En resumen, mirar al vino como Cultura.

- Enólogo asesor de más de 40 bodegas en distinos países del mundo.
- Nació en Italia, en una ciudad cercana a Florencia.
- Es junto a Michel Rolland y Paul Hobbs, uno de los asesores enológico más respetados del mundo
- Tiene un doctorado en Estudios Agropecuarios de la Universidad de Florencia y títulos de enología en la Universidad de Bordeaux y California.


Por:
Federico Lancia y Gustavo Flores Bazán